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Templos, cultos y adoración en los tiempos del coronavirus

El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas (Hechos 17:24-25 Nueva Versión Internacional).

Pertenezco a una denominación que me enseñó la importancia de asistir al templo para participar del culto sagrado, a tal extremo que si uno no hacía presencia, la amonestación pastoral era segura  y en algunas ocasiones no de la mejor manera. También reconozco que durante mi vida pastoral, repetí patrones de pastores que condenaban a la personas por no asistir a un culto. No escribo para decir que no es importante, ni tampoco que ya no se debe de asistir. Sin embargo, el tiempo ha pasado, he madurado intelectualmente, teológicamente y por qué no decirlo espiritualmente como comúnmente decimos en las iglesias cristianas, protestantes o evangélicas cuando nos reunimos. 


Siempre tuve la inquietud de preguntarme: ¿por qué los cristianos para encontrarnos con Dios esperamos estar en el templo? no pasaba desapercibido sobre mi mente, aquellos énfasis desde los púlpitos y las redes sociales que hacían los predicadores y telepredicadores insistiendo que no se faltase a la siguiente reunión porque Dios hará cosas grandes y maravillosas. Lo que me hacía pensar, ¿A caso Dios no se manifiesta en cualquier día de la semana en nuestra vida? ¿No contradice esto la teología bíblica en cuanto a la doctrina de Dios? ¿Y qué decir de la teología bíblica de la adoración?  ¿Hemos de esperar tres, cuatro, ocho días para que Dios se manifieste en los templos y no en la vida de las personas que le buscan con sinceridad desde cualquier lugar? ¿No es mi vida el depositario para que Dios habite? Confieso que estas preguntas se repasaban una y otra vez sobre mi mente ya hace un tiempo atrás hasta la aparición del nuevo virus COVID-19.

Lo que intento es reflexionar sobre algo que ha paralizado al mundo entero, generando cambios de agendas, patrones y paradigmas en todas las instituciones, incluyendo a la iglesia. Las grandes empresas, corporaciones en el mundo han parado su maquinaria y la maquinaria eclesiástica ha sufrido lo mismo. Nos hemos visto obligados a abrazar las redes sociales, la educación virtual y transmitir mensajes y cultos vía Facebook Live, pues no nos queda otra que hacer algo, antes que la nave se nos venga abajo. Aunque quisiera entender, que es el interés de las organizaciones eclesiásticas y sus líderes religiosos quienes están sumamente interesados por el cuidado pastoral de sus miembros y/o seguidores en un tiempo de crisis y que ha generado mucha ansiedad y desesperanza, especialmente en los pobladores de países que han sido altamente afectados por el COVID-19 como se le ha llamado. 

Hoy más que nunca, el énfasis "la iglesia en su casa" ha crecido y seguirá creciendo después de que Dios primero, salgamos de la presente experiencia que nos ha tocado vivir a todos. Hoy veo que no estaba lejos de tener razón en mis cuestionamientos. Dios no necesita de templos para manifestarse y no necesita convocarnos a lugares determinados para hacer lo que Él sabe y quiere hacer en y con nosotros.  Por eso como lo afirmo en una de mis notas publicadas en Facebook: se debe de hacer la diferencia entre iglesia como organismo e iglesia como institución. Son dos cosas totalmente diferentes. Recordemos que los cristianos primitivos nacieron como iglesia en la colectividad, el sentido comunitario y su función como organismo era más palpable (Hechos 2:41-45). La iglesia como institución se gesta a partir de mediados del siglo III o principios siglo IV d.C., lo que provocó una iglesia alejada de los principios que la sostuvieron al inicio y la mantuvieron en su naturaleza. 

Históricamente se sabe que la iglesia previo a que se instituyera, se reunía en las casas y hacía el ministerio de la evangelización y de la compasión en las calles y todos aquellos lugares públicos.  No cesaban de enseñar y predicar. Jesús mismo "recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia" (Mateo 9:35). El modelo misional de los cristianos primitivos era Jesús de Nazareth.

Sin duda, la experiencia que hoy vivimos fuera de nuestros templos y cultos en tiempos del coronavirus, han de mostrarnos que Dios definitivamente "No vive en templos construidos por hombres" como dicen las Escrituras. Sino, que él habita en nosotros y hace morada sin duda en nuestras casas, cuando las convertimos en lugares de culto y de adoración. Sin olvidar que la iglesia somo nosotros, no el templo y no las casas. El reto que se nos presenta es a mostrar lo que significa ser iglesia y no a seguir en el afán de hacer iglesia con todo lo que ello ha implicado previo a la pandemia global que vivimos. Quien quita que estemos a las puertas de lo que Frank Viola ha llamado en su libro Iglesia Reconfigurada, en donde nos reta a volver a ser comunidad como en los días del Nuevo Testamento. 

"Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" 
(Juan 4:24).




Comentarios

Unknown dijo…
Bajo este punto de vista seria pertinente volver a las raíces de la labor evangelistica de la iglesia a la manera de las primeras comunidades de fe.
Exactamente! Gracias por su comentario.
flory dijo…
Excelente aporte en estos momentos de crisis.
Éste analis hace la diferencia entre el fanatismo y el verdadero seguidor de Cristo.
Gracias Flory por su comentario. Definitivamente, se trata de ser genuino hasta donde nos sea posible.
Unknown dijo…
Comparto que somos la Iglesia y una de nuestras funciones es que el cuerpo de Cristo tenga Identidad en Jesucristo para que pueda comprender que asistir al edificio no hace a la persona ser mas Consagrado y Santo.
Kevin Gílder López Pérez dijo…
Creo que el asunto esta en el hecho de que la mayoría de creyentes no tiene una idea bien clara de lo que significa ser iglesia. De ahí que para muchos la vida cristiana se limita solamente al templo. No hemos entendido que somos iglesia los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año y que el templo es un lugar donde nos reunimos de manera esporádica para dorar juntos al Señor. "Unas de las cosas positivas de la pandemia fue nos permitió sacar a la iglesia del templo y llevarla nuestros hogares."

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