«Necesitamos un avivamiento
de la teología, una nueva
comprensión de Dios y de su voluntad
respecto a la vida humana» (Mackay, 1984, p.
27)
Recuerdo, cuando en una mañana de culto, un
miembro de la iglesia en la que tuve la oportunidad de pastorear me hizo el
siguiente comentario: “¡qué va! cuando mi papá era pastor (…)” y concluyó
aludiendo a que los pastores de hoy no son como los de antes que viajaban
grandes distancias a caballo, subían y bajaban montañas; y realizaban muchas
visitas pastorales. Mi respuesta sincera fue: “pero a su papá le hubiese sido difícil
pastorear y enfrentar a los desafíos de hoy” (transcurrían los años 90). Mi
respeto y mi honra a todos aquellos sacrificados hombres y mujeres de Dios que
nos precedieron en el trabajo pastoral y misional. Pero el mundo ha cambiado y
la manera de ejercer el ministerio pastoral en estos tiempos se hace cada día
más complejo. Educar ministros para que funcionen en una época de contrastes y
cambios es un reto. Ejercer el ministerio atinadamente es otro.
TENDENCIAS
DE CAMBIO EN EL SIGLO XXI
La situación por la
que atravesamos nos muestra que el cambio es lo que define a este mundo. Casares
(2001) señala que “el mañana llega cada día con más premura. Hoy somos testigos
de un cambio acelerado, profundo y general en todos los campos del quehacer
humano; estamos viviendo la mayor transformación en la historia de la
humanidad” (p. 32). Los analistas indican que estamos viviendo una transición
de una época de cambio, a un cambio de época. Las tendencias de cambios en
pleno siglo XXI se caracterizan por tres revoluciones básicamente son: la
sociocultural, la tecnológica y la económica. Estas impactan fuertemente a la
humanidad y con la aparición del Covid-19 estos cambios se han acelerado
drásticamente y tienen al mundo de rodillas.
Sugiero que tanto la iglesia y sus ministros consideren
la importancia de la preparación teológica ligada a otros campos del
conocimiento, a fin de dar respuesta y ejercer un ministerio efectivo en
consonancia con los tiempos actuales; y sobre todo cuando la humanidad se
pregunta ¿dónde está Dios en medio de esta pandemia?
El filósofo Heráclito de Éfeso afirmó la
existencia del cambio al expresar que este permanece en el mundo. Es por esta razón que quienes educamos,
pastoreamos y lideramos en la Iglesia del Señor, debemos asumir la mejor
actitud frente al cambio que nos toca vivir.
En 1990 cuando iniciaba mis estudios teológicos
y ministeriales, como grupo de estudiantes no nos imaginábamos, ni tampoco nos
decían, hacia dónde el mundo se encaminaba para fines de siglo. Creo que
algunos todavía estábamos “encerrados en cuatro paredes” con una mentalidad casi
monástica, ajenos de la realidad de un mundo que venía cambiando drásticamente.
En el año 2000, cuando se esperaba el Y2K
(falla en los sistemas informáticos), estaba estudiando teología en la universidad
y leí el libro “El Shock del Futuro” de Alvin Toffler,
considerado en ese entonces como un “profeta social” por sus escritos. Este libro se convirtió en un bestseller.
Trata de lo que le pasa a la gente que se siente abrumada por el cambio. Trata del modo en que nos
adaptamos o dejamos de adaptarnos al futuro. Lo curioso es que
este libro fue escrito en 1970.
El apóstol Pablo anticipó a Timoteo que
vendrían tiempos de cambios y que, sin duda, serían un reto para su ministerio
pastoral: “porque vendrá tiempo […], pero tú sé sobrio en todo, soporta las
aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5,
Reina Valera 1960). Esos cambios ya están aquí; nos plantean grandes retos para
las instituciones teológicas y para quienes educamos en este precioso y sagrado
saber. Aunque la teología pareciera una
especie en extinción, hoy más que nunca tiene mucho que ofrecer no solo a la
iglesia, sino al mundo en general. Pues, la mayoría de las personas no evitan
hablar de Dios tratando de explicarse el mundo y sus fenómenos alrededor de Él.
Lo mismo sucede cuando se le quiere encontrar una respuesta a los problemas
existenciales del ser humano. Es aquí donde la formación teológica hace su
aparición como ciencia de la fe.
La educación teológica de hoy debe preparar a
los presentes y futuros ministros para que interpreten los tiempos, las
realidades y asuman compromisos de responsabilidad con su vocación y llamado
ministerial. El liderazgo debe de equiparse con las mejores estrategias y
cualidades que el cambio demanda para ser efectivo en su labor ministerial y en
su compromiso cristiano.
El cambio exige que asumamos retos, entre
ellos, exponernos a estudiar otras ramas del conocimiento: sociología, lengua y
literatura, técnicas y metodologías de investigación, filosofía, pensamiento
crítico; así tener una visión integral del devenir humano, sin descuidar el
estudio de la Biblia. Todo esto lo encontramos en las universidades que ofrecen
además de estos estudios, la especialización en para aquellos que han aceptado el
llamado de Dios a servirle y han abrazado el ministerio en todas sus
dimensiones como su campo de acción o trabajo en la iglesia, llegando a ser un líder,
profesionalizado en el saber teológico, convirtiéndose en un científico de la
fe para el servicio de Dios en la iglesia y el mundo.
Referencias Bibliográficas
Mackay, J.
(1984). Teología cristiana. (3ra. ed.). México: CUPSA
Casares, A. (2001). Líderes y educadores.
El maestro creador de una nueva sociedad. México: Fondo de Cultura Económica


Comentarios