"El aprendizaje en línea no será la siguiente gran cosa, ya es la gran cosa ahora"
Donna J. Abernathy
Las universidades en su preocupación de estar a la vanguardia con los cambios que el mundo, la tecnología y las nuevas formas de hacer educación presentan, siempre han buscado que las nuevas ofertas académicas para los interesados muestren un interés sino máximo, por lo menos mínimo para enfilarse en la aventura y experiencia de la educación virtual.
El atractivo de la educación virtual, especialmente en algunos países latinoamericanos, incluyendo a Guatemala no ha sido del todo un éxito. Pues lleva un buen tiempo crear la cultura de lo virtual, lo digital y todo aquello a lo que los expertos mencionan desde sus trincheras. Yo solo busco, pensar y reflexionar desde mi experiencia como líder en la educación universitaria en los tiempos del coronavirus. Sin lugar a dudas, el fenómeno coronavirus o COVID-19 hizo que pusiéramos "las barbas en remojo" en muchos aspectos de la vida y no digamos en el campo de la educación virtual universitaria. Quizá, nunca había encontrado tanto significado la educación virtual, sino hasta que nos vimos presionados por la situación que actualmente vivimos y que nos llevó a encerrarnos en nuestras casas (las cuáles se han convertido en oficinas, templos, aulas, lugares de recreación y de cuidado).
Mientras escribo este articulo, pienso ¿En qué posición quedará la educación virtual una vez concluya la crisis? ¿Seguirá siendo la educación presencial tan necesaria como hasta al momento la habíamos concebido? ¿Nos deshumanizamos como producto de una educación en la que solamente nos unen y separan a la vez las computadoras o cualquier otro dispositivo electrónico? ¿Crecerán los programas virtuales de las universidade aún más a partir de la pandemia del COVID-19? ¿Qué nos espera a los docentes universitarios en materia de capacitación virtual de aquí en adelante? ¿Qué actitud generará para los estudiantes universitarios la importancia de abrazar una carrera estrictamente virtual? ¿Cuál será la sensación que experimentaremos docentes y discentes al volver a las aulas presenciales? ¿En qué plano quedan las competencias blandas si en el futuro apostamos de lleno a la educación virtual? Sin duda, los psicólogos de la educación, andragogos y especialistas en docencia universitaria tiene sus respuestas, reflexiones y experiencias al respecto.
En lo personal, la educación virtual en los tiempos del coronavirus me ha llevado a experimentar muchas cosas positivas:
Que echando a perder se aprende. Reconozco que no soy un experto en educación virtual y aunque he trabajado con algunas plataformas desde hace un tiempo como Moodle, Blackboard siendo estudiante y docente, hoy me vi en la necesidad de experimentar nuevas aplicaciones para compartir conocimientos y experiencias con cada uno de los estudiantes que se me han confiado. He dejado de grabar sesiones, he activado mal el micrófono, me he desconectado del video de la clase, etc.
Que para aprender se debe preguntar. Reconozco que en la educación virtual hay expertos. Ya lo dice el refrán: "zapatero a tus zapatos". La presente experiencia me ha llevado a consultar tutoriales, preguntar a amigos, a recibir consejos de mis estudiantes y hacer una que otra lectura para informarme sobre este mundo de la educación virtual. También a compartir experiencias y aprender de otros colegas que ya llevan un buen tiempo caminando en este asunto.
Que cuando existen preguntas, se debe de investigar. Reconozco que la única forma de salir de dudas, es preguntando y eso me ha llevado a la investigación en internet. Como ya lo indiqué, he tenido que visitar YouTube, leer sitios web, artículos, blogs y en fin buscar fuentes que me informen entre qué aplicación es mejor (económica, estable y completa). Si me preguntarán cuál de las aplicaciones prefiero para una educación virtual sincrónica: quiero decirles que por el momento aparte de haber experimentado con Skype, Google Hangouts, Google Meet, Zoom, prefiero Microsoft Teams porque integra los servicios de Office 365. Aclarando, que está permitido solo para instituciones educativas que contratan todo el paquete.
Que sin estudiantes no hay docente. Reconozco que definitivamente son nuestros estudiantes, quienes le dan sentido a nuestra labor docente. Son ellos, quienes nos apasionan, nos enojan, nos alegran, nos irritan, nos hacen reír y nos retroalimentan con sus ocurrencias, experiencias e historias de vida. Aparte de verles crecer en el proceso de su aprendizaje y enseñanza. Mi sueño y meta en cada curso con ellos, es que aprendan y me enseñen. Siempre suelo decirles: "los van a contratar para resolver problemas", aparte de recomendarles siempre mis tres consejos básicos: "leer, leer, leer".
Que sin docente no hay estudiantes: Reconozco que ninguna universidad o institución educativa puede sostenerse sin la vida, ejemplo, profesión y trabajo de sus docentes. Aquí mi reconocimiento a mis colegas docentes que día a día, mañana a mañana, noche a noche hacemos posible el hecho educativo y el acto pedagógico en nuestro país. A fin de entregarle a la sociedad futuros profesionales que respondan a las necesidades y a la solución de problemas con un espíritu emprendedor, ético y competitivo.
Que para aprender se debe preguntar. Reconozco que en la educación virtual hay expertos. Ya lo dice el refrán: "zapatero a tus zapatos". La presente experiencia me ha llevado a consultar tutoriales, preguntar a amigos, a recibir consejos de mis estudiantes y hacer una que otra lectura para informarme sobre este mundo de la educación virtual. También a compartir experiencias y aprender de otros colegas que ya llevan un buen tiempo caminando en este asunto.
Que cuando existen preguntas, se debe de investigar. Reconozco que la única forma de salir de dudas, es preguntando y eso me ha llevado a la investigación en internet. Como ya lo indiqué, he tenido que visitar YouTube, leer sitios web, artículos, blogs y en fin buscar fuentes que me informen entre qué aplicación es mejor (económica, estable y completa). Si me preguntarán cuál de las aplicaciones prefiero para una educación virtual sincrónica: quiero decirles que por el momento aparte de haber experimentado con Skype, Google Hangouts, Google Meet, Zoom, prefiero Microsoft Teams porque integra los servicios de Office 365. Aclarando, que está permitido solo para instituciones educativas que contratan todo el paquete.
Que sin estudiantes no hay docente. Reconozco que definitivamente son nuestros estudiantes, quienes le dan sentido a nuestra labor docente. Son ellos, quienes nos apasionan, nos enojan, nos alegran, nos irritan, nos hacen reír y nos retroalimentan con sus ocurrencias, experiencias e historias de vida. Aparte de verles crecer en el proceso de su aprendizaje y enseñanza. Mi sueño y meta en cada curso con ellos, es que aprendan y me enseñen. Siempre suelo decirles: "los van a contratar para resolver problemas", aparte de recomendarles siempre mis tres consejos básicos: "leer, leer, leer".
Que sin docente no hay estudiantes: Reconozco que ninguna universidad o institución educativa puede sostenerse sin la vida, ejemplo, profesión y trabajo de sus docentes. Aquí mi reconocimiento a mis colegas docentes que día a día, mañana a mañana, noche a noche hacemos posible el hecho educativo y el acto pedagógico en nuestro país. A fin de entregarle a la sociedad futuros profesionales que respondan a las necesidades y a la solución de problemas con un espíritu emprendedor, ético y competitivo.
Una vez concluya esta pandemia global y todo vuelva a la normalidad. Nuestro trabajo de ser docentes seguirá en marcha. A pesar de que algunas cosas no volverán a ser iguales, tenemos la oportunidad de ejercer un liderazgo docente de altura, marcando nuestro compromiso ético y social. Esto, independientemente, cual sea el escenario al que seamos convocados para influir en la vida de los futuros profesionales.
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