Cada año, al llegar la Semana Santa, los cristianos declaramos la resurrección de Cristo. Lo hacemos porque toda la esperanza del cristianismo obedece a este hecho real en la historia de la humanidad. Al resucitar, Jesús demostró que es victorioso sobre toda potestad que la muerte tenía. Por medio de esta victoria podemos enfrentar el mañana con sus incertidumbres y vicisitudes.
LA NECESIDAD DE ESPERANZA
Mucha gente ha perdido toda esperanza, sus sueños se han roto y no hay nada que aparentemente les permita tener paz. Hoy por hoy, nos enfrentamos a un momento difícil para el mundo, pues la pandemia del COVID-19 nos tienen paralizados. Una vista al periódico y otros medios sociales de comunicación, revelan la desesperanza que acecha la vida de cientos de personas en diferentes países del mundo. Paralelo a ello, otros males nos han acompañado como la pobreza, la falta de empleo, la crisis económica y otras situaciones que complican la historia de los países en el mundo. No sabemos qué nos depara el futuro, una vez superada la actual crisis en materia de salubridad. Sin embargo, la Iglesia debe de mantener una actitud positiva y no perder la esperanza. Hoy más que nunca la esperanza se hace necesaria, trate de no perderla, no se desanime, el resucitado está en nosotros y con nosotros. El autor de Hebreos presenta el siguiente desafío:
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios (Hebreos 12:1-2 LBLA).LA LLEGADA DE LA ESPERANZA
Jesús siempre llevaba esperanza a todo lugar. Personas que estaban en pecado recibieron una nueva oportunidad (la mujer adúltera, Zaqueo el publicano, la mujer samaritana). Él no ha cambiado, sigue atento y presente en este mundo (Hebreos 13:8). Porque Él vive… Podemos enfrentar un mundo lleno de guerras, desigualdades, injusticias, dolor y tristeza, con la seguridad que Jesús tiene el control, aunque cuando no parezca esto creíble en un mundo escéptico. Tenemos la presencia de Jesús dondequiera que estemos. La fuerza del poder de Dios en nosotros nos auxilia para resistir toda presión externa que busque debilitarnos en todo sentido. Alguien ha dicho que lo trágico en la vida no es la muerte, sino lo que muere dentro de nosotros estando aún vivos. No permitamos que muera en nosotros la esperanza, lo positivo de la vida, el entusiasmo. Si entusiasmo es “Dios en mí”, vivámoslo entonces… ¡Adelante hermano! Gracias a la resurrección, Jesús vive en nosotros. Nada debe inundarnos de tristeza, Esdras dijo estas palabras que pueden aplicarse al evento de la resurrección de Cristo:
Vayan y coman de lo mejor, beban vino dulce e inviten a quienes no tengan nada preparado, porque hoy es un día dedicado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría del Señor es nuestro refugio (Nehemías 8:10).
Porque Jesús vive… Podemos tener confianza y esperanza. Al resucitar, Jesús demostró que nada nos podrá separar de su amor, Dios todavía tiene la última palabra y nos dará la victoria. Hay una vida de paz y de gozo disponible para todos. El domingo de Resurrección no es un ritual que cumplimos. Es un recordatorio de sus palabra al decir: yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).
¡Es una celebración que disfrutamos porque Él vive!


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